En los medios

En el siglo XIX.

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La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nos ha permitido acceder al texto Los juegos de sociedad en la España romántica de Jean-Louis Picoche, hispanista francés (1931) y doctor por la Universidad de la Soborna que desde los 1960s estudia el Romanticismo en España.

Los juegos de sociedad en la España romántica
de Jean-Louis Picoche

(...) Digamos, para aclarar las cosas, que el juego de sociedad requiere poca actividad física y que su interés reside en el azar, la destreza, la sutileza intelectual, la estrategia o en una mezcla de varios de estos elementos. El juego de sociedad que linda con el deporte es precisamente el billar. Con mayor esfuerzo físico, sería ya un deporte. (...)
Históricamente, se trata de una época muy turbia. La poca actividad económica da lugar al deseo de ganar dinero fácilmente y sin trabajar. Las pocas distracciones permiten numerosas tertulias de personas más o menos desocupadas. Todo esto favorece eminentemente la práctica de los juegos de sociedad, con dinero o de pura diversión. Desde luego, la atmósfera muchas veces trágica de la España de entonces no se prestaba mucho a la ligereza, a la alegría, pero existe en el ser humano una facultad para reírse de las cosas menos risibles y para divertirse de manera frivola en medio de las catástrofes
(...)
Fuera de las abundantes alusiones al juego en la literatura, existen manuales de juegos de sociedad en gran cantidad a partir de 1830. El más célebre de todos, el Manual completo de juegos de sociedad o tertulia, y de prendas publicado en 1831 por Mariano de Rementería y Fica es una adaptación de la obra francesa de madame Celnart (seudónimo de Elisabeth Félicie Bayle-Mouillard née Canard) Manuel des Jeux de Société (Paris, Roret 1827, 328 p.). Esto muestra la influencia constante de Francia en este punto como en otros. Hemos consultado un gran número de folletos anónimos de 4 a 24 páginas, publicados por Yenes hacia 1838 y que tienen por lo menos el interés de darnos las reglas de varios juegos ahora olvidados (Los tres siete, el ecarté, piques o cientos, la baciga por ejemplo) y de indicarnos los juegos que estaban de moda entonces.
Juego de destreza: El billar o villar. Se jugaba entonces en un mueble con 6 agujeros (4 en las esquinas y dos en medio de las bandas). Consistía esencialmente en herir con su bola la del contrario y obligarla a entrar en uno de los agujeros.
Juegos de estrategia: Son tres esencialmente. El ajedrez, las damas y el asalto. El ajedrez estaba muy de moda entonces en España que no tenía sin embargo grandes campeones. En el café, era un juego reservado para los hombres pero las señoras lo practicaban en las tertulias y en su casa.
(...)
Se nota la diversidad grandísima de los juegos de sociedad en la época que nos interesa. ¿Por qué razón? Por ser una manera agradable de pasar el tiempo en un momento en que la gente de todas las clases sociales (ya que todos juegan) tenía tiempo de sobra después de las horas de trabajo o los domingos y días festivos. Los pocos espectáculos (sobre todo en provincias), los pocos conciertos, dejan grandes momentos que se ocupan con juegos más o menos interesantes pero muchas veces divertidos y chistosos. Seguramente la radio y luego la televisión son responsables de la pérdida de gran parte de estos pequeños juegos de prendas y penitencias que conocí en mi niñez y juventud, en España sobre todo, y que van desapareciendo actualmente.

Este texto académico es parte de las actas del V Congresso sul Romanticismo Ispanico, del 1 al 3 de abril de 1993 en Nápoles (París).

No sabía Jean-Louis Picoche en 1993 que los juegos de mesa y de sociedad estaban viviendo un resurgimiento mundial, capitalizado desde Alemania, que todavía tardaría unos lustros en reflejarse a España.

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