The Observer se pregunta por los motivos de que los juegos de mesa estén regresando a las Islas Británicas.
En el Reino Unido la afición a los modernos juegos de mesa no es tan viva como en otros países europeos. No existen editoras importantes que publiquen juegos alemanes en inglés y en muchas ocasiones deben comprar juegos de compañías estadounidenses que hacen el camino de ida y vuelta a través del Atlántico (con precios consecuentes). Sólo existe un evento lúdico algo destacable, la UK Games Expo de Birmingham. Pese a ello existen importantes autores británicos actuales de juegos de mesa, como los escoceses hermanos Lamont o el inglés Martin Wallace, entre otros.
En la historia de los juegos de mesa, el Reino Unido ha tenido un papel primordial, pues de allí han surgido clásicos imperecederos (del Scrabble de Alfred Mosher Butts, al Cluedo de Anthony E. Pratt, al Hare & tortoise de David Parlett, o al Heroquest de Stephen Baker, y un largo etcétera), y hace décadas había imporantes compañías británicas de juegos (la extinta Waddingtons Games, la todavía existente Games Workshop, etc.).
Pero algo se ha perdido de los juegos de mesa en los últimos años en las Islas Británicas para el público general. Y la ola de modernos juegos de mesa que se expande por le mundo, saliendo desde la Europa continental, también tiene que llegar al Reino Unido.
Así lo refleja un artículo de Will Freeman en el dominical The Observer de The Guardian: Why board games are making a comeback (Por qué los juegos de mesa están volviendo).
Tienen presencia en el texto juegos como Catán de Klaus Teuber, Carcassonne de Klaus-Jürgen Wrede, ¡Aventureros al tren! de Alan R. Moon, o Memoir'44 de Richard Borg - Todos ellos ya editados en España.
¡Nos jugamos!
